Buenos días.
Sean bienvenidos a la conmemoración de los 80 años de la llegada del exilio republicano
español a México.
Acompañan en el presidium al licenciado Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados
Unidos mexicanos, licenciado Marcelo Brarca Saubón, secretario de Relaciones Exteriores,
señora Irene Lozano, señora Irene Lozano, secretaria de Estado de la España Global,
embajador Juan López Doriga Pérez, embajador de España en México, licenciado Lázaro
Cárdenas, coordinador de asesores de la Presidencia de la República, señor Gerardo Ferrando
Bravo, presidente del patronato del Ateneo Español de México, señora Cristina Latorre,
subsecretaria de Justicia para la Memoria Histórica, señor Fernando Rodríguez Miaja,
mexicano representante de los exiliados españoles en México, doctor Enrique Márquez, director
ejecutivo de Diplomacia Cultural, licenciado Ernesto Casanova, presidente del Ateneo Español
de México.
A continuación tiene la palabra el licenciado Marcelo Brarca Saubón, secretario de Relaciones
Exteriores.
Con su permiso, señor presidente.
Distinguidos invitados, señoras y señores de los medios de comunicación.
De manera muy breve, expresarles la más cordial bienvenida a esta que es su casa en este día
tan especial para México y España y especialmente para la diplomacia mexicana, que se nutre
siempre de ese gran momento que fue la política exterior que siguió el presidente Lázaro
Cárdenas, y en especial respecto a la República Española.
Les digo muy cordial bienvenida a su casa, porque en particular para el que hace uso
de la voz, la historia de la República Española era y es como la historia de México también.
Yo estudié en el Colegio de México, la casa de España en México, y llevábamos historia
de México unos, dos, tres y cuatro, y la historia de la República Española como si
fuera historia nacional, así de cercanos.
Para mí es un orgullo y un privilegio estar aquí en presencia de Fernando Rodríguez
Miaja, quien es un gran personaje que encarna los mejores valores de la República Española
y sus causas libertarias.
De manera que ahora en la Secretaría de Relaciones Exteriores, habiendo estudiado relaciones
internacionales y aprendido de la República Española y aquella experiencia del exilio
recibido en México de solidaridad, generosidad, encuentro con el pueblo español y en especial
con las causas libertarias de España, pues es un motivo de orgullo, de emoción, de entusiasmo,
pero también recuerda los compromisos esenciales que configuran el perfil de la diplomacia
mexicana con las mejores causas de la humanidad, la generosidad, la solidaridad, el compromiso
con los que están perseguidos, nuestra causa que debe ser siempre, siempre brújula de
defensa de las libertades y de los derechos de las personas.
Como decía yo, esa es una inspiración y por eso esta conmemoración tiene mucho que
ver con el futuro de nuestra diplomacia, de la presencia de México en el mundo y de nosotros
mismos, de nuestra identidad, porque la experiencia del exilio español pasó a formar parte de
la identidad de todos los que somos progresistas en México, que por fortuna somos la inmensa
mayoría, como ustedes saben, ahora encabezado el gobierno de México por Andrés Manuel
López Obrador, que es su símbolo en nuestro país.
Muchas gracias, bienvenidas, bienvenidos y de nuevo, este es su casa.
Gracias.
Ahora escuchemos al licenciado Ernesto Casanova, presidente del Ateneo Español de México.
Buenos días, señor presidente, licenciado Marcelo Ebrard, estimado Lázaro Cárderas
Batel, distinguidas autoridades españolas, señoras y señores, amigos todos.
Como presidente del Ateneo Español de México y en nombre del exilio español y de sus descendientes,
agradezco al presidente Andrés Manuel López Obrador, que nos reciba hoy en Palacio Nacional
para conmemorar los 80 años del comienzo del exilio republicano en México.
La República española, derrotada de una cruenta guerra, compartió con México su
vocación por la libertad y la tolerancia y por el respeto a los derechos humanos, democráticos
y ciudadanos.
Recordemos que en 1939, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, México abrió sus puertas
para recibir a más de 20 mil hombres, mujeres y niños obligados a buscar asilo en este
país.
Durante tres años estos habían luchado por defender una República legal y democráticamente
constituida, destruida en una guerra fratricida por las derechas fascistas dentro y fuera
de España, anticipando así el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Era natural que un gobierno popular y progresista como el mexicano se volcara solidariamente
a recibir en nuestro país a quienes huían de una cruel dictadura y con quienes compartía
sólidos valores republicanos y democráticos.
En palabras del presidente Cárdenas, cito, recibir a los exiliados es un cumplimiento
de deberes universales de humanidad y de hospitalidad que contribuyan a preservar sus vidas.
Los republicanos que llegaron a México traían consigo una amplia experiencia laboral y profesional.
Eran hombres y mujeres que en España habían formado cuadros altamente capacitados en la
industria, las telecomunicaciones, los transportes, así como las áreas profesionales, científicas,
educativas y artísticas, junto con obreros y campesinos.
El propio presidente Cárdenas afirmaba, vuelvo a citar, que con este exilio México
recibe decididamente a quienes vienen a contribuir con su capacidad y esfuerzo al desarrollo
y progreso de la nación.
A partir de entonces, México fue la nación solidaria y hospitalaria por excelencia, en
la que miles de republicanos españoles encontraron no sólo techo y trabajo, sino que en ella
pudieron recuperar la esperanza, la vitalidad, la paz destruidas por la guerra y la dictadura.
Durante estos 80 años, los exiliados y sus descendientes han guardado un agradecimiento
hondo hacia el México que los acogió y les permitió echar nuevas raíces y que año
tras año y generación tras generación este país supo integrarlos a una nueva patria
acogedora y generosa.
Lo que en un comienzo fue un acto de extraordinaria voluntad y dignidad política del gobierno
mexicano, hoy gracias a la memoria colectiva se convierte en una sentida conmemoración
histórica que a la vez recuerda la cruel destrucción de una esperanzadora República
española y reconoce la deuda impagable que los exiliados españoles y sus descendientes
tienen con esta, su patria mexicana.
Muchas gracias a todos.
Muchas gracias, señor presidente, por mantener viva la solidaridad y la memoria histórica.
Gracias.
Tiene la palabra la señora Irene Lozano, secretaria de Estado de la España Global.
Buenos días, señor presidente, señor canciller, querido embajador, subsecretaria, otras autoridades
presentes, señor presidente de la Ateneo Español y muy especialmente don Fernando
Rodríguez Miaja, señoras y señores, amigos y amigas de la prensa.
Me siento muy honrada por tener la oportunidad de participar en esta conferencia matinal,
particularmente importante porque aborda en esta fecha el recuerdo de los exiliados republicanos
españoles de 1939.
Muchas gracias, señor presidente, por permitirme que represente aquí a mi gobierno y que compartamos
este momento que representa una trascendencia especial para los dos países y para los dos
pueblos.
Le traigo de España, señor presidente, un mensaje de amistad, de gratitud y de reconocimiento.
Hace 80 años México dio al mundo un ejemplo de solidaridad, de coherencia y de valentía.
En un momento que era dramático para las libertades, no solo en España, sino en toda
Europa y para la democracia en el mundo, el presidente Lázaro Cárdenas no titubeó,
no dudó y proclamó su voluntad de acoger a todos quienes huían en España del dolor,
de la cárcel, de la prisión, de la persecución.
Les ofreció una nueva patria y con ello una nueva esperanza, una nueva vida, un nuevo
futuro a quienes pensaban que lo habían perdido todo.
Entre 1937 y 1942, primero los niños de Morelia, después los embarcados a bordo del Sinaia,
el Ipanema, el Mexík, así hasta 25.000 españoles llegaron hasta aquí y dieron fe de la profundidad
de los vínculos existentes a ambos lados del Atlántico.
Además, supieron integrarse y dar lo mejor de sí a la sociedad mexicana, muchos de ellos
altamente cualificados, también gente honrada, ilusionada, perteneciente al mundo de la ciencia,
de la cultura, del mundo académico.
Tanta años después me emociona comprobar el extraordinario legado de aquellos españoles
que acabarían convertidos en orgullosos mexicanos, sin por ello nunca renunciar a sus orígenes.
Y aquí tenemos algunos ejemplos muy ilustres de ellos.
Nuestros países comparten una historia rica y singular, en la que predominan las luces
sobre las sombras, lo que nos une sobre lo que nos separa, el afecto sobre el rencor.
Hemos vivido juntos siglos durante los cuales cambiamos el mundo, haciéndolo global por
primera vez y contribuyendo de forma extraordinaria desde estas tierras a la civilización y al
progreso.
Después, tras la independencia, hemos habido mantener esa relación fraterna, cuyo ejemplo
más excelso es la acogida de los republicanos españoles.
Hoy somos aliados y socios y además ambos países custodios de esa formidable herramienta
de diálogo y entendimiento global que es la lengua española y nuestra cultura común.
Ni hoy ni nunca México se ha entendido sin España, ni España se ha entendido sin México.
Con la vista puesta en el futuro, este año España ha conmemorado los 40 años de nuestra
Constitución Democrática de 1978, nuestro más importante marco de convivencia y progreso.
Reflexionando sobre la vigencia y la importancia de nuestra Carta Magna, recordamos a esos
miles de exiliados que estuvieron durante décadas desperdigados por el mundo y que,
sin olvidarse nunca de España, contribuyeron a hacer posible gracias a su generoso apoyo
desde el exterior la democracia por la que habían luchado 40 años antes, las libertades
por las que habían luchado y por las que habían tenido que abandonar nuestro país.
Una democracia contenida en esa Constitución del 78 que, sin la menor duda, habrían abrazado
antes de abandonar España 80 años antes.
A pesar de todo el sufrimiento, querido Fernando, tú y todos los exiliados ganasteis, con 40
años de retraso, pero ganasteis porque conseguisteis devolver la luz a España, la luz de la libertad
y de la convivencia democrática.
Ese ejemplo de dignidad lo recordaremos siempre.
Señoras y señores, queridos amigos y amigas, cuando conmemoremos dentro de unas horas en
Veracruz la llegada del Sinaya, estaremos rememorando uno de los episodios más luminosos
y ejemplares de la historia de México y, al mismo tiempo, uno de los más intensos
reflejos de la amistad existente entre nuestros dos países, la amistad que tenemos y que
siempre mantendremos por encima de las épocas de los gobiernos y de todo lo temporal.
Termino con Luis Cernuda, que al referirse a su llegada a esta gran nación tras abandonar
España dijo, el sentimiento de ser un extraño que durante mucho tiempo me había perseguido
en México cayó al fin dormido.
Recordemos hoy lo ocurrido en junio de 1939 y valoremos cómo merece aquel extraordinario
encuentro de Veracruz.
Es un deber de memoria histórica y de justicia hacia los que llegaron y hacia quienes los
acogieron y es una deuda de gratitud que España siempre tendrá con quienes protagonizaron
ese acontecimiento y hoy nos acompañan y con sus descendientes.
Muchísimas gracias.
Enseguida el licenciado Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos
y los mexicanos, hace entrega de un reconocimiento al señor Fernando Rodríguez Miaja, decano
representante de los exiliados españoles en México.
En este reconocimiento se inscribe, con motivo de la conmemoración de los 80 años de la
llegada del exilio republicano español a tierras mexicanas, el presidente de México,
el licenciado Andrés Manuel López Obrador, imprime en este documento el refrendo de su
afecto y su reconocimiento a los miles de españoles que hicieron de México su patria
tras ser dolorosamente expulsados de la suya.
Ahora, escuchemos el mensaje del licenciado Andrés Manuel López Obrador, presidente
de los Estados Unidos mexicanos.
Amigas, amigos, familiares de los refugiados españoles que encontraron exilio, apoyo,
seguridad en nuestro país desde hace 80 años debido a la guerra civil en España.
Hace un momento importante, es un día memorable, porque nos llena de orgullo tanto a la comunidad
española como a los mexicanos el que se haya actuado como se hizo en ese entonces para
proteger a quienes necesitaban refugio, necesitaban apoyo, comprensión, una nueva patria.
Todo esto tiene que ver mucho con lo que significó el gobierno de Algear Lázaro Carlos y en
particular por el profundo amor que le tenía al pueblo, no sólo al pueblo de México,
sino a todos los seres humanos.
Es sin duda el presidente más humanista que ha habido en la historia de nuestro país.
Llevó a cabo una política social ejemplar, es el que consuma, lleva a la práctica lo
levantado el pueblo de México en armas para demandar justicia, el derecho de los campesinos
a la tierra, el derecho de los obreros a mejores condiciones laborales, pero eran demandas
no cumplidas, pasó el tiempo y es hasta que llega el general Cárdenas que se cumplen
esas demandas.
Él entrega la tierra a los campesinos, en aquel entonces 18 millones de hectáreas a
un millón de familias campesinas y se pone de lado los trabajadores.
Es muy importante también que con él se recuperan bienes, que durante el porfiriato
se habían entregado a extranjeros, con él recuperamos el petróleo para beneficio de
los mexicanos.
Y por si fuese poco aplica una política exterior extraordinaria, porque al mismo tiempo que
se da refugio a los españoles, se le da también protección, se le da el derecho de asilo
a Trotsky en circunstancias muy complejas, muy difíciles, cuando no se le quería recibir
ninguna parte, por la política de ese entonces en la Unión Soviética en Rusia, lo que se
conoce como el Stalinismo.
Y el general le da refugio, le da apoyo a Trotsky.
Y lo más importante es abrir las puertas, como aquí se dijo, más de 20 mil españoles
que participaron, no hay que olvidarlo, en la defensa de la República, de un movimiento
popular democrático avasallado por la fuerza, por el fascismo que ya asumaba su rostro siniestro.
Y que se ensaya en la guerra civil española.
Todos sabemos de esta lucha, hay mucha historia, mucha literatura, creo que un libro esencial
para entender este proceso, porque fue al mismo tiempo una crónica, se hizo casi al
mismo tiempo que se llevaban a cabo los enfrentamientos, es el libro de Hemingway, Por quién doblan
las campanas, es un libro que debe de ser de lectura obligada para todos los luchadores
sociales en el mundo y desde luego para los investigadores y para los pacifistas, porque
esos horrores no deben pasar nunca en ninguna parte del mundo.
Nos sentimos muy orgullosos de esta gesta, de esta forma de actuar el general Cárdenas.
Y siempre se habla, es como un lugar común, el que llegaron más de 20 mil españoles,
niños, familias, y que fue mucho el aporte al desarrollo de México, porque del exilio
eran gentes, personas con mucha calidad profesional, académica que contribuyen al desarrollo
del país, desde ingenieros hasta filósofos para unirse a México, formar parte de nuestra
patria, tener esa doble nacionalidad que todos tenemos por el predominio de la fraternidad
universal.
Somos de un país, pero también somos ciudadanos del mundo.
Nos da mucho gusto eso y cualquier acto de justicia, de aplicación del derecho de asilo
nos lleva a pensar en esta decisión del general Cárdenas, ya quedó establecido este hecho
histórico como parte de nuestra política exterior, hasta en gobiernos que han habido
de corte conservador y retrógradas, se tiene que respetar este derecho, es algo que ya
quedó sembrado en la política exterior de México.
El derecho de asilo que tenemos que garantizarlo, es un derecho sagrado para todos los mexicanos.
Y siempre, siempre en estos tiempos estamos atendiendo el asunto de la migración, siempre
vamos nosotros a tratar con respeto y vamos a dar protección a los migrantes, porque
los migrantes buscan mejores condiciones de vida, mejores condiciones de trabajo.
En muchos casos son exiliados por necesidad, por hambre o para salvar sus vidas, por eso
merecen todo nuestro respeto.
Estamos en esta situación que estamos ahora atravesando a ser muy respetuosos, lo he dicho
y lo repito, del gobierno de Estados Unidos, del presidente Donald Trump, más que nada
del pueblo estadounidense, pero al mismo tiempo vamos a respetar los derechos humanos de los
migrantes.
¿Cómo se le va a hacer para mantener este equilibrio?
Eso tiene que ver con el noble oficio de la política, que a veces se le desprecie.
Entonces, si es posible evitar la confrontación, para eso se inventó la política, para evitar
la confrontación, para evitar la guerra, entre otras cosas.
Nos da muchísimo gusto, mucho gusto estar aquí con ustedes, como lo ha dicho la representante
del gobierno español, tenemos lazos que nos unen desde hace mucho tiempo, podemos tener
diferencias transitorias, pero es más lo que nos entrelaza, es mucho más lo que une
a México con España.
Vamos a seguir manteniendo una muy buena relación con el gobierno y por encima de todo, porque
hay que separar y distinguir con todo respeto, nos importa más mantener una buena relación
con el pueblo de España, que viva España, que viva el exilio, que vivan los refugiados
españoles, que viva México.
Agradecemos su presencia a los integrantes del Presidium, quienes se retiran para continuar
con los actos conmemorativos que tendrán lugar en la ciudad de Veracruz. Agradecemos
al resto de los invitados permanecer en sus lugares para continuar con la conferencia
de prensa.
Muy buenos días.
Miren, yo los voy a acompañar a nuestros visitantes por este día tan especial y les
propongo que mañana le demos continuidad a la conferencia.
Les adelanto que hoy tengo una reunión, o sea, para que podamos hablar incluso después
de eso para que yo pueda atender a tan importantes visitantes.
Hoy tengo una reunión con el Consejo Coordinador Empresarial y se va a suscribir un documento
para trabajar de manera conjunta sector privado y sector público al mediodía.
Y mañana vamos a presentar completo el plan de migración. Vienen, nos acompañan los
gobernadores de Tabasco, de Campeche, de Chiapas, de Veracruz y de Oaxaca. Entonces, ya hay
bastante información. Un abrazo.